Juanjo Villalba 


Mescalina valenciana: la mejor droga que ha salido de España


Mitificada por su importancia en la ‘Ruta del bacalao’, solo duró en el mercado cinco años. ¿Por qué? Puede que simplemente un vacío de la ley española permitiera su existencia.


Cualquiera que haya tenido alguna vez curiosidad por saber más cosas de la famosa “Ruta Destroy” o “Ruta del Bacalao” que reinó en Valencia entre 1982 y 1996, no habrá tardado mucho en encontrarse con la añoranza nostálgica de la mescalina (conocida habitualmente como “meska”). Una droga mitificada y recordada con pasión debido en parte a sus efectos, en parte a los misterios que la envuelven y sobre todo por su súbita desaparición en torno a la navidad de 1988.

Pero comencemos por el principio. En 1983 aparece en la zona de Valencia una sustancia vendida en cápsulas verdes (a veces rojas) cuyos efectos acompañarán perfectamente al espíritu de libertad y de vanguardia que se estaba formando en aquél momento en torno a un par de discotecas situadas a unos 30 kilómetros al sur de Valencia en medio de campos de naranjos: Barraca y Chocolate. En este artículo no me voy a extender mucho en lo que aquel movimiento cultural, que posteriormente se llamaría la Ruta del bacalao, representó en España sobre todo porque ya hemos hablado de él en otra ocasión, sino que me centraré en el combustible químico que impulsó aquellas largas noches de principios de los 80.

Vídeo de la página de Facebook Ruta del Bakalao Valencia - Remember the Music

En internet se pueden encontrar muchos testimonios de antiguos usuarios de las meskas, pero hay uno, extraído del largamente inactivo blog Vergiftet, que resume bastante bien lo que los fiesteros de la época sintieron la primera vez que se toparon con las célebres cápsulas verdes. Sensación de euforia, de amor total hacia la humanidad y buen rollo máximo con potentes toques alucinógenos que te hacían sentir la música como nunca antes:

“Aquella primera vez para mí fue como si hubiese descubierto la mejor droga del mundo. Estando de pie bajo el chorro del megatrón, envuelto en esa densa neblina blanco nuclear, potenciada por el estroboscopio a piñón fijo, se me aparecieron fractales increíbles, como el panal de una abeja, geométricos, orgánicos y en constante movimiento espiroidal. La frase ‘flipar en colores’ caló muy hondo ese día”.

El nombre que se eligió para estas cápsulas, mescalina, ha producido discusiones interminables sobre su composición cuyos ecos llegan hasta nuestros días. Algunos, cada vez menos, defienden que se trataba de mescalina original extraída del peyote. Esto, según los expertos, es una creencia bastante absurda, ya que los efectos de la mescalina extraída del peyote, aunque se asemejan en parte, necesitan una dosis mucho más elevada que la que cabía en una de aquellas cápsulas verdes, produce en muchos casos náuseas y vómitos y tiene un proceso de extracción que difícilmente podría atender a una demanda masiva como la que se produjo en aquella época.

También hay gente que defiende que se trataba de una mezcla de LSD con una anfetamina como dexedrina o centramina, pero según análisis serios realizados en laboratorios, en realidad se trataba de MDA con cafeína. A la MDA, un compuesto muy raro de encontrar en nuestro país actualmente, se le conoce como “droga del amor” y se trata de un derivado anfetamínico de la familia del MDMA, pero que a diferencia de este, tiene un marcado efecto alucinógeno parecido al LSD, de ahí las confusiones. Al añadirle la cafeína, se conseguía una combinación explosiva, perfecta como decía antes para las largas noches de baile, para aguantar y para desinhibirse.

Hasta el grupo de rock&roll Los Rebeldes le dedicaron una canción a la mescalina. “Mescalina soy feliz / Cuando estás dentro de mí / Siempre que me besas / En la boca o en la nariz / Haces que me vuelva loco / No puedo parar de reír”

La fama de las cápsulas verdes se extendió por toda Europa y es célebre el famoso viaje de Ibiza a Valencia de Bez, el bailarín de los Happy Mondays, que fue a la tienda de discos Radical Records de la capital del Turia para preguntar dónde podía pillar mescalinas para llevárselas de vuelta a la isla mágica.

Pero finalmente llegamos a la otra clave que ha hecho que la meska sea un mito entre los sibaritas psiconautas, los makineros y los fiesteros en general. Tras unos años de abundancia, la mescalina poco a poco fue escaseando, subiendo de precio y finalmente desapareciendo más o menos en torno a 1988. A partir de ahí, la pregunta es inevitable, ¿qué pasó? ¿Por qué se acabó? ¿De dónde venía?

Hay bastante unanimidad en que se trataba de un producto genuinamente español, por lo que se dice que la mescalina valenciana es sin duda, la mejor droga que ha salido de España. Existen diversas teorías sobre sus creadores. Algunos apuntan a empresarios de la noche o a oscuros chamanes valencianos, aunque de entre todas, la teoría más extendida es que las meskas las producía en Barcelona un químico catalán. De repente algo pasó, la producción paró y poco a poco se esfumó, fin de la historia. Un relato breve pero lo suficientemente enigmático y atractivo como para inspirar una versión catalana de Breaking Bad.

Aparte de la mítica historia del químico, un factor que también pudo influir en el fin de las meskas fue la llegada de otras drogas como la cocaína, el speed o el mismo MDMA, que a su vez se convirtieron en sustancias más acordes con el ritmo más acelerado y loco que la fiesta iba desarrollando. Cada música tiene su droga y los ritmos más rápidos del EBM y la mákina que poco a poco iban ganando importancia en la ruta necesitaban más revoluciones por minuto de la que podía traer la cafeína de la mescalina.

Trasteando por foros en los que los antiguos ruteros rememoran los viejos tiempos, en uno de los infinitos debates y colecciones de anécdotas sobre la meska, un usuario que se hacía llamar DDAA, dejó un mensaje allá por 2013 en el que aportaba un dato muy interesante que no se cita en ninguno de los libros sobre la ruta que últimamente se han editado (¡Bacalao! de Luis Costa) o reeditado (En éxtasis de Joan M. Oleaque) y que han vuelto a poner de actualidad, aunque sea solo desde un punto de vista nostálgico, toda este movimiento cultural 100% valenciano.

Como dice el forero, “la respuesta no estaba en el aire sino en el BOE” y es que resulta que hasta la Orden del 12 de julio de 1985 por la que se incluyen en la lista I anexa al Convenio sobre sustancias psicotrópicas, la MDA (y por extensión la mescalina valenciana) fue una sustancia completamente legal en España. Aunque la MDA había sido declarada “regulada” (o sea, prohibida) en el Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas firmado en Viena en 1971, estas conclusiones nunca habían sido incorporadas a la legislación española, con lo que, siempre según este usuario, “Unos espabilados se dieron cuenta de eso (...) Empezaron a sintetizarla a finales de esa década, la mezclaron con cafeína, tanto para darle un toque personal al producto como para llenar hasta arriba los capsulones donde venía, estuvieron unos cuantos años vendiéndola sin miedo a ir a al cárcel y, en cuanto fue prohibida, liquidaron sus stocks, cerraron el chiringuito y a disfrutar de los beneficios”.

¿Cuál es realmente la historia de la mescalina valenciana? Ojalá este revival de la Ruta anime a hablar a quien realmente sepa la verdad. Si alguna vez se decide, le estaremos esperando. Si no, no pasa nada. Los años de la Ruta destroy fueron algo tan único y tan apasionante visto desde la distancia que dudo que a la mayoría de nosotros nos importe demasiado qué pasó realmente con la mescalina. Que la imaginación de cada uno vuele y se invente la historia que quiera que al final la ruta y todo lo que vino con ella fue para pasarlo bien. Y lo demás, como los días entresemana, da igual.

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Juanjo Villalba 2018